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Primera guerra Sino-Japonesa (1894 - 1895) [PRIVADO]

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Primera guerra Sino-Japonesa (1894 - 1895) [PRIVADO]

Mensaje por Honda Kiku el Mar Ene 22, 2013 8:11 pm

Su cara estaba crispada en furia, sus ojos, aparentemente teñidos de odio, miraban la costa desaparecer ante él a medida que el barco avanzaba. Sus puños fuertemente apretados alrededor de sus dos espadas, intentando contener la ardiente llama de su interior... estaba sediento de sangre. Por primera vez en muchísimo tiempo, anhelaba ver rojo derramándose, muerte, destrucción. No era capaz de comprender el porqué de aquel cambio tan drástico en su vida, deseaba volver al tiempo en el que solo era un niño que aprendía el curso de la vida... ¿aquella era la verdad acaso? No. Negó con la cabeza.

Lo que más quería en aquel momento no era la devolución de su perdida infancia, sin embargo su mente rechazaba lo que su corazón le decía a gritos, lo que de verdad necesitaba. Él no era débil, como tampoco era un muñeco de títere al que alguien pudiera manejar mientras le conviniese y después desechar como a un trapo sucio y haraposo.

Apretó todavía más sus dedos sobre sus armas, cerró sus ojos con la misma fuerza, sus cejas formaban una perfecta uve en su frente. Dirigió su mente a los sucesos que acababan de acontecerse. Tal vez el hecho de que entre los deseos de sus superiores estuviera el querer usar a Corea como fuente de bienes no fueran del todo nobles. Quizá su propio deseo de arrancar a la península de los brazos de su antiguo cuidador y hacer que se independizara tampoco lo era, sin embargo...

Un gruñido casi animal salió de su garganta al recordar cómo había sido poco a poco dejado de lado, reemplazado con un montón de mocosos y olvidado por la nación china. No le molestaba que hubiesen aparecido nuevos territorios, ni siquiera le hacía enfadar que Yao los hubiese tomado bajo sus alas protectoras. Lo que le hacía hervir la sangre era el rechazo. Su mente no lograba entender por qué la actitud del mayor había cambiado tanto. Antes, a pesar de ser cierto que no solía obedecerlo, siempre tuvo la certeza de que pasara lo que pasara, su hermano estaría ahí para él, ¿ahora? ahora todo era una mentira. Rió con cinismo, consciente de que sus hombres le observaban como si hubiese perdido la cabeza. El siempre sereno Honda Kiku; Japón, la nación del sol naciente, era una persona calmada, le gustaba la paz y la tranquilidad. Bueno, pues era el momento indicado para demostrar que con él no se jugaba.

China le había dado el último empujón que necesitaba para convertirse en su peor pesadilla. Le había declarado la guerra al asesinar y descuartizar a uno de los políticos coreanos que estaban de su parte, el muy cínico ni siquiera tuvo la decencia de encubrir la matanza, o de esconder pistas. Perfecto, en ese caso, le enseñaría a su ''querido'' ex-cuidador de lo que era capaz.

Un hombre se le acercó, visiblemente atemorizado, y le preguntó si estaba seguro de lo que iba a hacer. Kiku se giró hacia el hombre y le dirigió una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora, pero que hizo la sangre del marinero helarse. - Mi jefe fue claro, - declaró - haz que todos estén preparados para el ataque, los cobardes que se queden en el barco. No obstante, que sepan que no toleraré que ninguno de mis hombres sean unas gallinas. - El rostro del país prometía sufrimiento. El marinero tragó en seco, hizo una reverencia y se fue corriendo a alertar a todo el mundo. Kiku, en cambio, volvió a dirigir la vista al paisaje, todo rastro de tierra se había esfumado y fue reemplazado por un azul infinito. Yao iba a desear la muerte cuando acabara con él.


Última edición por Honda Kiku el Miér Ene 23, 2013 7:33 pm, editado 1 vez

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Re: Primera guerra Sino-Japonesa (1894 - 1895) [PRIVADO]

Mensaje por Wang Yao el Mar Ene 22, 2013 8:23 pm

El cadáver del hombre coreano, misteriosamente asesinado, estaba siendo arreglado en una de las habitaciones del palacio, en otra de ellas los más respetados políticos de la enorme nación china discutían de cómo enfrentar el conflicto que estaba gestándose con la nación que en algún momento fue se hermano más querido y por último, en un rincón alejado del palacio, en una habitación en penumbras Wang Yao, la representación del país en cuestión, dejaba salir de sus pulmones lentamente el humo que había aspirado de su larga pipa de opio.

Habían sido uno meses difíciles, aunque para él en realidad habían sido unos años difíciles, la guerra contra el ahem y su estúpido compañero amanerado, que había perdido y que conllevó la perdida de Hong Kong y el tener que soportar la horrorosa presencia de todos esos en su hermosa Pekin, tener que destruir su orgullo a causa de todos esos tratados injustos que prácticamente lo había convertido en la putita de todos ellos, y ahora Kiku y sus ambiciones de hacer de Corea lo mismo que los países occidentales le había hecho a él, ofreciendo progreso y nuevas ideas como si Yao no supiera de lo que eran capaces de hacer los brutos occidentales por ambición. Suspiro, cuanto había cambiado el pequeño Japón desde el día en que lo encontrara solo en el bosque de bambú, una parte de si se sentía traicionado y dolido por su distanciamiento, por el tiempo perdido aunque entendía que mucho de eso era también culpa suya, sabía que lo había dejado de lado por atender a sus hermanos menores, que había puestos sobre sus hombros una responsabilidad que no le correspondía al pedirle que cuidara de ellos. Pero otra parte de él sentía orgullo de ver como su hermana nación crecía a pasos agigantados, convirtiéndose en un muchacho fuerte, inteligente y abierto a aprender de las otras culturas, lo más probable es que ese sentimiento viniera de su lado mas humano que de nación, porque era él, como Yao, el que veía a Kiku como un hermanito.

Volvió a aspirar el humo toxico que sin embargo lo relajaba y llevaba sus pensamientos tiempo atrás, a los días mejores en que nadie se metía con él, en que era libre. Exhaló dejando que esos bellos días flotaran antes sus ojos entre las volutas que el gris humo creaba en la habitación, intentando imaginar que no había sido forzado a firmar el acuerdo que cortaba toda relación entre Corea y él porque dolía, porque no quería recordar la sonrisa de Kiku cuando su hermano menor estampo la firma en el papel que los distanciaba para siempre, porque a pesar de todo el amor que le tenía, de todo el cariño él entendía que algo cambio en el japonés… y le daba miedo.

Se sabía debilitado por las guerras anteriores, por tantas pérdidas, por tanto dolor, una nueva guerra contra Japón no sería nada beneficiosa para él, por eso el tratado, por eso el retirar de tropas, por eso dejar libre, con el corazón roto, a Corea… y ahora, alguien, que los dioses se apiaden de esa persona el día en que se entere de quien fue, asesino a un importante político pro Japón en sus tierras, y eso significaba una larga ronda de explicaciones que nadie querría dar.

- Zhong aru… - una voz fuera de sus habitaciones llamo su atención y lo despertó del ensueño en el que estaba.- el cuerpo está listo para el transporte aru.- sus jefes habían decidido devolver el cadáver a Corea para que fuese enterrado allí con los honores que se merecía y esos mismo jefes le habían exigido a él que asistiera a los funerales como muestra de respeto a la nación. Con desgano Yao se levanto y dejo la pipa a un lado, debía ponerse presentable y formal, quizás más tarde, en el barco, tuviera tiempo para relajarse con otra fumada. Sabía que la necesitaría.

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